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 JUAREZ NO DEBIO DE MORIR.....

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A.C. Rasgado
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MensajeTema: JUAREZ NO DEBIO DE MORIR.....   Jue Jul 01, 2010 2:42 pm

Juárez no debió de morir



Primera llamada



EN LAS HISTORIAS y biografías sobre
Benito Juárez (1806-1872) no existen referencias acerca de su gusto por
la música; es más, la mayoría lo han convertido en estatua de bronce.
El otro Juárez es poco conocido: el padre de familia, el esposo, aquel
al que le gustaba jugar dominó y bailar, sí, leyó usted bien: bailar.
Por otro lado, ¿de dónde habrá surgido esa historia de que el niño
Benito, cuando pastoreaba a sus borreguitos al lado de la Laguna
Encantada, tocaba su flauta de carrizo?



DE PORFIRIO DIAZ sabemos que fomentó la
instrucción musical pública en Oaxaca, pero en la historia oficial
nuestros personajes son solemnes, enuncian fases célebres, bueno, salvo
presentes excepciones, con frases que son de "poca".



LA CONMEMORACION DEL bicentenario del
Patricio es buen argumento para reconocer esa catedral que es la música
oaxaqueña creada por los habitantes de ese estado, en el cual -dicen-
cuando se levanta una piedra aparece un pintor, un músico o un
político.



ESTA ES UNA breve crónica escrita en
primera persona sobre las vivencias musicales, gastronómicas, etílicas,
pero, sobre todo, amorosas.



HA SIDO LA mujer la que me llevó a ese
Nuevo Mundo cuando fui a trabajar al dique seco de la Secretaría de
Marina en Salina Cruz, para reparar buques de gran tonelaje. Por las
calles del puerto transitaban mujeres de enagua larga, Sandungas que se
deslizaban y cortaban el aire de manera inquietante.



EN ESAS TIERRAS, los cohetes anuncian
igual una festividad, una calenda o un velorio. La curiosidad me
llevaba al origen de esos estallidos, hasta que un día me encontré en
un velorio. Al día siguiente me incorporé al cortejo fúnebre, tras el
ataúd, balanceándose en los hombros de algunos hombres, venían como en
tragedia griega las plañideras, los deudos, los amigos y la banda,
todos rumbo al camposanto.



"YO ANDABA BUSCANDO la muerte cuando me
encontré contigo. De ahí tengo el corazón en dos mitades partido. La
una le teme a la muerte, a la otra le espanta el olvido"*, escribió el
ahora feliz y tercamente centenario don Andrés Henestrosa.



EN ESOS CAMINOS se madura más temprano,
las shuncas primero y los hombres tras ellas.Armado de valor, mis
amigos me llevan a la K Z de Tehuantepec en busca de Saúl Martínez,
para llevar mi primera serenata a una morena de ojos biches que venía
del Espinal, región femeninamente peligrosa: "Quién tuviera miel de
colmena en la boca, para poderte besar". Para después sufrir que mi
Naila con su ritmo de hamaca, así, suavemente, me abandonaba, tal como
predijo el Chuy Rasgado.



Armados nuevamente, pero esta vez con
cervezas heladas y mezcal casero, llegamos a La Ventosa, que no cesa de
hacerle honor a su nombre. "Si comes totopos con frijoles y camarón de
las salinas, nunca te vas a poder ir de aquí", me sentenció Doña
Victoria. Cuánta verdad.



ENCARRILADO YA, ASISTO a una vela con
tres mayordomas, en la que los dólares de oro refulgían en largas
cadenas sobre los pechos de las tehuanas del hondo mar. Bandas por aquí y
acullá, que sorprendieron a unos oídos que no esperaban el estallido
de un caos perfectamente organizado y una euforia hasta entonces
desconocidas.





Segunda llamada


AÑOS DESPUES ASISTO con una pelirroja de
radiante cabellera, que dejó su impronta en dos bellas hijas, al Lunes
del Cerro, ahora conocido como Guelaguetza (te doy, me das) y en una
sola y ardiente mañana, aderezada con mezcal de pechuga, vemos
sorprendidos los bailes de las ocho regiones.



DESFILARON ANTE NOSOTROS los sones del
Istmo, los bailes de la región de Tuxtepec, los jarabes de la Mixteca y
de la Sierra de Juárez, de La Cañada, los jarabes de betaza de los
Mixes, chilenas de la Costa Chica y la imperial Danza de la pluma de
los Valles Centrales.



DE REGRESO A esta ciudad-capital y en el
aprendizaje en esos salones de prosapia, el Cocol y el Califas,
intento bailar ese contenido y cachondo baile llamado danzón. Allí, en
esos pisos, llevado por las manos y caderas expertas de matronas
urbanas, bailo el cubano-mexicano Juárez y el danzón de
danzones: Nereidas,
de Amador Pérez Dimas, oriundo del
Reino de Zaachila.



Y PARA TODOS esos millones de mexicanos
que alguna vez hemos estado lejos del cielo, bajo el cual nacimos,
surge la nostalgia en ese blusesote que es la Canción mixteca,
de José López Alavés, compositor decimonónico, al igual, que aquel que
tenía que nacer y vivir lo que vivió: Macedonio Alcalá, para poder
escribir el himno regional: Dios nunca muere (me levanto de mi
silla), y recreo esa historia que cuenta que las primeras notas de ese
vals inmortal fueron escritas en la pared encalada a falta de hojas
pautadas.



EL AMOR, UNA vez más, me convoca a la
Antigua Antequera, a la boda en la que el que escribe era el pretenso,
con novia de huipil de hilos de oro y el resplandor agitados por los
aires de la Banda del Barrio de los 7 Príncipes, allá en San Felipe del
Agua, con todo y mediuxga y al ritmo de las marimbas; nuestra real
dádiva fueron los dos hijos que procreamos.





Tercera llamada


POCOS SABEN DEL tesoro mundial de órganos
históricos que durante tres siglos se construyeron por toda la
geografía oaxaqueña (1680-1900). Manos de artesanos indígenas copiaron
los órganos barrocos españoles. El Instituto Oaxaqueño de Organos
Históricos ha localizado cerca de 68 y ha restaurado siete, los cuales
están en uso.



ESCUCHAR LAS PARTITURAS de Matías de los
Reyes, extraordinario compositor y organista zapoteco, que forma parte
de esa pléyade de músicos del glorioso barroco mexicano, en el órgano
de la iglesia de Tlacochahuaya, es otra experiencia que nadie debe
perderse.



FRENTE A LA colorida portada de Santa Ana
Zegache, en un recorrido acompañado por Rodolfo Morales, que patrocinó
la restauración de esta iglesia, tuve un esperado encuentro con una
mujer que lleva el nombre de la patrona de los músicos, a la que alivié
con un poco de lodo la picadura de una hormiga y que, desde entonces,
compartimos ese patrimonio de la humanidad: la cocina oaxaqueña.



LA MUSICA DE bandas está presente en todos
los ámbitos de la vida de los oaxaqueños, en toda festividad religiosa
o cívica, bodas, bautizos o funerales. De la vida a la muerte. En las
velas del santo patrón, las bandas preceden el paso de los pendones;
esas bandas, que se forman en las postrimerías del siglo XIX,
interpretan la música llegada de Europa al estilo y semejanza de sus
oídos ancestrales.



LO ANTERIOR ME lleva a una de las más
bellas experiencias de vida que he tenido. En compañía de tres
artistas, del canto tradicional, del jazz y de la música barroca:
Susana Harp, Héctor Infanzón y Horacio Franco, respectivamente, nos
remontamos a las alturas, allí donde ningún conquistador posó su
planta: Santa María Tlahuiltoltepec, en la Sierra Mixe, lugar de frío y
de música. Era el fin de cursos del Centro de Capacitación Musical y
Desarrollo de la Cultura Mixe, que ha formado una banda integrada por
niños y jovencitos de esa región.



ESCUCHAR EN ESAS alturas a estos prodigios
infantiles me llevó a un cielo tangible, de campesinos de huaraches y
refajos, que conservan maravillosamente una tradición milenaria, por
eso hacen lo que hacen y -sobre todo- cómo lo hacen, no hay más.



FALTAN DECENAS Y me angustio; de Alvaro
Carrillo, que sabrá Dios dónde andaba de andariego por Pinotepa. De ese
cúmulo de talentos jóvenes, que en el presente llevan la música de sus
ancestros más allá de donde la encontraron: Lila Downs, Susana Harp y
Georgina Meneses. Trovadores y compositores como el clan de Los López
de Juchitán: Mario, Gustavo y el Guajiro. Grupos de jazz como el
Nunduva Yaa, Ana Díaz. Oxama y varios más.



BAJO LOS CENTENARIOS laureles del zócalo
que dan cobijo todos los domingos a la Banda del Estado, me regreso en
el tiempo y me imagino a ese pequeño niño rubio que todos los domingos
asistía en su triciclo a escuchar a esa agrupación. Años después el
director Amador Pérez le concede, en un acto premonitorio, el derecho
de dirigir la banda; la intuición no falló: el niño se llamaba Eduardo
Mata (1942-1995).



RECOMENDACIONES: COMPREN PARA sus hijos el
libro Juárez con la República bajo el brazo, de Ediciones
Tecolote, cuya autora, Claudia Burr, ganó el Premio García Cubas para
el mejor libro de historia infantil 2005, y también los cidís: Sones
de tierra y nube,
con la Banda del CECAM de Santa María
Tlahuiltoltepec, y Con todo el corazón, de Georgina Meneses con
la Banda Filarmónica de Santiago Zacatepec Mixe.



* Fragmento de la Ixhuateca con letra de Andrés Henestrosa

Tomado de La Jornada - Raul de la Rosa - 11 de
abril de 2006

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